| Vista nocturna del barrio de Floresta, Ciudad de Buenos Aires, Argentina |
El ascensor se detiene en el octavo piso. Cuando se abre la puerta, veo frente a mí la escalera que conduce a la terraza. Subo por ella y abro la puerta que se encuentra a su final. Apago la única lámpara que ilumina la terraza. Me siento en el suelo apoyando la espalda en una de las paredes y contemplo el cielo nocturno. A medida que mis ojos se acostumbran a la oscuridad, veo cada vez mas y mas estrellas. Casi parece no haber rincón en el cielo en el que no haya al menos una de ellas. Desde acá puedo ver la playa que se encuentra a unos doscientos metros. La luz de la Luna , que comienza a asomar por sobre los edificios de la ciudad, ilumina las olas en el mar, las que luego avanzan hasta que finalmente mueren en la arena. La playa se encuentra casi desierta. Apenas unas pocas siluetas se divisan caminando por la arena.
Contemplo nuevamente las estrellas y me pregunto cuantos mundos se refugian bajo su luz. Tal vez en alguno de estos mundos halla alguien sentado en el techo de algún edificio contemplando el cielo, viendo las estrellas y, tal vez, viéndome. O al menos viendo hacia donde esta este mundo.
Mientras me encuentro concentrado en mis pensamientos, siento como se abre la puerta a mis espaldas. No necesito darme vuelta para saber quien es. Se sienta a mi lado, me abraza por la cintura y apoya su cabeza sobre mi pecho. Nada podría ser más perfecto. Una noche perfecta, un cielo perfecto, una compañía perfecta, un amor perfecto…
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