Introducción

En primer lugar déjeme brindarle la bienvenida a este pequeño espacio al que he bautizado como "Cuentos Visuales". A partir de este momento tendré el placer de llevarlo de viaje a ese mundo de fantasía al que acudo cada vez que logro desconectarme del día a día. Ese mundo donde la fotografía y la escritura inundan cada rincón de mi ser.

domingo, 12 de junio de 2011

La persecución

Jardín botánico de la Ciudad de Buenos Aires, Argentina



Cada músculo lucha con toda su fuerza mientras me abro camino a través del espeso bosque. Mis manos luchan por hacer a un lado las matas espinosas mientras las ramas golpean y arañan mi cara. Sin detener mi carrera escucho los sonidos del bosque. Las voces del viento solo son interrumpidas por las palabras de un búho que parece burlarse de mí. Más allá el silencio domina la noche. Pero ese silencio, lejos de provocarme tranquilidad, hiela mi sangre. Es en lo mas profundo de mi ser que se que al igual que el ojo de un huracán anuncia una falsa tranquilidad que precede al desastre, este silencio anuncia la llegada de mi destino. Destino al que tal vez pueda escaparle. Después de todo llevo mucho tiempo avanzando por el bosque y aunque no veo ninguna señal que indique el final, no debe de estar lejos.
Me detengo a descansar brevemente junto a un frondoso árbol. Miro a mí alrededor y, sin importar hacia donde mire, la tupida vegetación me impide ver más allá de ella. La luz de la luna que se cuela entre las copas de los árboles hace que mi mente de vida a mágicas y misteriosas criaturas que no son más que las sombras de la noche y que me acompañan en mi marcha.
De tanto en tanto echo un fugaz vistazo hacia atrás y veo el sendero que mis huellas pasadas abrieron a través del bosque. Una triste soledad invade ese sendero. Muy dentro de mí presiento que se encuentra allí, a punto de alcanzarme. Apresuro mis pasos y, al tiempo que mi mente empieza a concentrarse en buscar el final del bosque, las criaturas de la noche desaparecen una a una.
De repente veo una extraña fuente de luz que se cuela entre la vegetación frente a mí. Tan solo unos metros más para salir de este laberinto. Mis manos apartan las últimas plantas, pero grande es mi decepción, pues ante mis ojos descubrí que no había llegado al final de mi carrera. Me encuentro parado en un claro en el cual se encuentra un pequeño lago de aguas cristalinas en cuya superficie la luna refleja su luz. A mi derecha y a pocos metros, me sorprendió la presencia de un anciano sentado sobre una roca. Me acerco hacia el, quien parece no haberse percatado de mi presencia.
- ¿Dónde estoy? ¿Es acaso este el centro del bosque? – le pregunté.
Parece no haber escuchado mi pregunta. Cuando estoy a punto de repetírsela, voltea su cabeza hacia mí, fijando sus ojos en los míos. Son grises, al igual que su pelo. En su mirada y en su postura se nota el paso de los años. Pero también se nota la sabiduría en su presencia.
- Cada ser que habita el Bosque tiene su propio principio y final. – Las palabras del anciano rompieron el silencio. – Hace mucho, aquello de lo que escapas marcó tu comienzo del bosque y, te guste o no, también marcará tu final, pues nadie ni nada ha escapado ni escapará jamás del Destino.
Aunque en un principio no tenían sentido sus palabras, luego, como si una luz se hubiera encendido en mi mente, lo comprendí. O continúo escapándole a un Destino que tarde o temprano me alcanzará o me detengo a disfrutar el Bosque.
Decidí buscar un lugar junto al lago y, mientras me acomodo, los primeros rayos de sol iluminan el Bosque permitiéndome ver las más asombrosas y bellas cosas que puedan existir. Cosas que nunca me hubiera percatado de su existencia si no me hubiera detenido a observarlas. Las miro, las siento y las disfruto mientras espero que mi cazador, el Destino, marque mi final.


Jardín botánico de la Ciudad de Buenos Aires, Argentina

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